Hace unas noches me sucedió algo increible. Algo tan surrealista que hasta no he terminado de salir del shock que me provocó. Pero que nadie se alarme, que por fortuna ya estoy bien y además entero para contarlo. La otra noche intentaron penetrar en mi casa.
Uno siempre se cree que en su casa está a salvo, que es nuestra fortaleza donde nada puede tocarnos... ¡pero que confundidos estais amigos!. Tened mucho cuidado, pues ni en vuestra casa estais totalmente a salvo.
Ocurrió como digo hace unos días, mas concretamente en nochebuena. Andaba yo tranquilamente sentado en mi cómodo sillón de oficina, tecleando no se qué en el portatil cuando de pronto mi perra, que parecía dormía como una bendita a mi lado, levantó bruscamente la cabeza y se quedo mirando hacia la puerta. Quieta, inmovil como estatua de sal. No pude dejar pasar por alto el miedo en sus ojos. Alguno os preguntareis como es el miedo en los ojos de un can, pues bien, os deseo que nunca lo descubrais. Al menos no a causa de una situación tan dramática como la que os intento explicar. Continuo.
Alertado por la perra, hice ese absurdo gesto de estirar el cuello mientras balanceas la cabeza, como si de esta manera fueramos a escuchar mejor.... y entonces lo oí. Escuché claramente como se corría la ventana del salón poco a poco. No cabía ningún tipo de duda: alguien la abría desde fuera para entrar en mi dulce hogar.
Durante un momento reinó en mi la confusión y quedé paralizado a causa del terror. ¿Que hacer? Si llamaba a la policia el o los sujetos me escucharían y yo mismo detataría mi presencia. Pero no podía quedarme así, sin más, dejando que extraños andasen recorriendo mi casa como quien va de compras al corte inglés. Había que actuar tomando por sorpresa al que con nocturnidad y alevosía había osado penetrar en mi sagrado templo. Ese sujeto pagaría cara su osadía, pensé.
Le hice un gesto a la perra para que marchase de avanzadilla, pero la muy cobarde se hizo la loca mientras sutilmente reculaba en dirección a una esquina. Está bien -pensé- lo haré yo solo, luego no quieras que compartamos las medallas. Y así con frio temple y gallardo aspecto fui a defender lo que era mio. Bueno, no tan gallardo, pero debo decir en mi descargo que como era nochebuena entre el cava y el whisky habían desmejorado ligeramente mi pose. Pero ese no es el caso, lo importante es lo valerosa que fue mi acción.
Tomé un cenicero de cristal, de esos grandotes que venden en las tiendas de los chinos y lo vacié en la papelera (nota a mi mismo: como siga fumando dos paquetes de tabaco diarios no duro ni un par de asaltos) y con tan formidable arma decidí plantar cara al invasor. Sigilosamente me levanté del sillon y caminé haciendo el menor ruido posible hacia la puerta, asomando lo mínimo la cabeza una vez llegué alli para tomar un primer contacto visual con la alimaña a la que me enfrentaba. Y lo que vi era digno de película de terror.
El sujeto estaba justo de espaldas, dejandome ver claramente que tenia una anchura como un armario ropero a pesar de su no excesiva estatura. Debía ser extranjero por su extrañísima forma de vestir, ya que además de gruesas botas el tio cubría su desnudez con una especie de pijama rojo y un cinturón de una anchura casi como mi muslo. Para terminar el atentado contra cualquier cosa que pueda ser considerada de buen gusto el sujeto cubria su cabeza con un gorro como los que llevaban nuestros tatarabuelos para dormir. Vamos, que me había tocado el chorizo hortera.
Aprovechando que como digo estaba de espaldas, me fui aproximando a él. Cuando ya solo nos separaban poco más de cinco metros le ví que su gorro de dormir escondía unos cabellos blancos como la leche. Además de hortera el pobre era albino, si es que le cogia todo. No me extraña que tuviese que dedicarse a la delincuencia, con esa facha a ver quien le contrataba... dí un paso más hacia el sin dejar de apretar firmemente el cenicero en mi mano izquierda, que es la de dar los guantazos fuertes, sin dejar de mirar fijamente al sujeto.
A sus pies descansaba un saco, el cual sin duda utilizaba para transportar lo que afanaba, y no debía de ser del todo malo en su oficio el mamón porque se le veía que lo tenía lleno. Quien sabe a cuantos incautos más habría desvalijado esa jornada con premeditación, alevosía y nocturnidad.
Ya estaba a un par de metros cuando las dudas empezaron a sacudirme, y es que os recuerdo que el tio era muy ancho, que o le atizaba bien duro o igual me hacia picadillo. El cenicero empezó a temblar en mi mano pero entonces, algo sucedió: ¡el muy maldito bastardo me había cogido la botella de Marie Bizard y pretendia empinarsela! Noté como se me hinchaba la vena del cuello a causa de la furia, igualito me debí poner que la Patiño, y es que por ahí si que no paso, mi anís es sagrado. Y ya sin pensarmelo ni encomendarme a dios, virgen o santo me abalancé sobre el propinandole un cenicerazo en toda la cabeza que le salió el gorrito de dormir volando. Pues menudo soy yo cuando me cabreo. Ni que decir que el tipo cayó redondo al suelo y que el lunes tengo que ir a comprar otro cenicero, que este se ha roto. Victoria total y contundente sobre las fuerzas enemigas.
Agradecí no haber subido la caja de herramientas al trastero, pues la cinta americana me vino que ni pintada para atar conveniente al ladrón de anisetes y amordazarlo no me fuera a montar un escándalo y despertar a los vecinos. Hay que ser considerado y respetar a la vecindad o ellos no te respetarán a ti. Acto seguido llamé a la policía y se presentaron en un santiamén, ni siquiera llegó a hora y media lo que tardaron. Me encanta la policia, son tan eficientes en el desempeño de su dura labor... Y así, agotado a causa de las impresiones marché a dormir. Tampoco mucho, pues muy temprano me despertaron los niños del piso de arriba, que son unos llorones, que berreaban sin consuelo una y otra vez que ellos habían sido este año muy buenos y que querían sus regalos, que porque este año no tenian. Cosas de niños...
En fin, que espero que mi caso os haga recapacitar sobre los peligros que os pueden acechar en vuestro hogar y todas las noches cerreis bien las ventanas no os vaya a entrar algún albino en pijama rojo.
Felices fiestas.
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